sábado, 22 de septiembre de 2012

Viernes 21 de septiembre, tercera semana de clase.

Invierno húmedo, 1982
Basándonos en la relación entre tonalidad emocional y gesto, y en el dibujo del propio movimiento, el trabajo de este viernes estuvo inspirado en el estilo del pintor español del siglo XX Fernando Zóbel.

El ejercicio de hoy consistía en observar el mundo desde una actividad contemplativa, pasiva en su mayor parte, con el objetivo de reflejar estados de ánimo. Para ello, observamos la técnica de este importante y famoso pintor, descubriendo unos trazos muy difuminados, suaves. Aunque en algunas obras, como en la que podemos ver a la derecha, encontramos cierta actitud agresiva con trazos más fuertes, más oscuros, en general lo que abunda en sus pinturas son ambientes y gestos relajados.



Navacerrada, 1965


Algo caracteriza también en gran medida a las obras de este pintor, y eso es la forma en la que integra el blanco del papel en el propio cuadro combinándolo con, por ejemplo, el carboncillo. Volvemos a observar la unión de trazos más definidos y trazos más difuminados sin dejar a un lado la armonía del cuadro.

Béjar II
Observamos contrastes leves en sus obras, colores de la misma gama, todo de una forma correctamente entonada. Jugando también con la luz, con la recuperación del blanco del papel; con la superposición de tintas, las transparencias; los fondos muy tratados, de tal manera que todos los colores se integran difuminándose y terminan siendo sólo uno. Si algo podemos destacar con absoluta afirmación es su extremada sensibilidad, su manera de tratar los colores, los trazos, ordenándolos de tal forma que consigue despertar emociones en el espectador. Como en el que tenemos a la derecha, en el que recupera la luz del cuadro frente a los duros y oscuros trazos negros del carboncillo.


Ahora que ya sabemos un poco más de este artista y de sus técnicas, nos disponemos a intentar llevarlas a nuestro lienzo.
En primer lugar, comenzamos pintando sobre papel blanco, difuminando los colores del fondo recuperando el blanco del papel mediante el empleo de la goma y con algunos trazos sencillos con tiza blanca.


Después, nos pasamos al lienzo negro, donde echamos mano del carboncillo para crear una textura oscura que parezca que está más cerca del espectador, y por encima de un fondo difuminado de varios colores, incluyendo algo de luz en la parte izquierda.

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