sábado, 6 de octubre de 2012

Semana 5, jueves 4 de octubre

El inicio de esta semana de clase viene acompañado del comienzo de la SEGUNDA ETAPA del curso. Finalizada la primera etapa, en la que nuestro objetivo ha sido siempre soltar y liberar la mano intentando deshacernos de los convencionalismos y del miedo a tantear, comenzamos esta etapa cuyo fin es iniciar el lento pero seguro camino hacia la producción de FIGURAS TRIDIMENSIONALES HABITABLES, pues es la principal tarea de un arquitecto.

Comenzamos entonces con la producción de figuras abstractas y hoy la clase se enfoca de una manera distinta a cómo se ha hecho en todas las veces anteriores. Hoy, para nuestra sorpresa, no nos enseñan obras de otros pintores como referencia de lo que tenemos que hacer. Estamos todos en círculo alrededor del profesor cuando éste dice:
- Vais a hacer un autorretrato. Hoy vais a dibujaros a vosotros mismos. Lo único que nosotros imponemos es que el papel sobre el que vamos a trabajar tiene que ser negro. Ya está. ¡Manos a la obra!

Y, obviamente, se oyen risas, murmullos, cuchicheos, caras de susto: "¿y ahora qué hago?"

Pues vamos a ello. Como la cara tiene que ocupar la totalidad del lienzo se hace todavía más complicado en mi opinión, porque dibujar desde tan cerca algo tan complejo como un rostro es casi imposible, y menos para los que no contamos con una virtuosa habilidad para pintar. Aun así, hay que intentarlo y este fue el resultado.

Mi autorretrato

Finalizado el tiempo estimado para el ejercicio, todos tenemos que ir a echar un vistazo a los dibujos de los compañeros y elegir, si es que te llama la atención, alguno de ellos para colgarlo en la pared de clase. Una vez estuvieron colocados los escogidos, se nos hizo la siguiente pregunta:

- ¿Cuál os llama la atención?

Pues resultó que prácticamente toda la clase coincidió en que el más interesante era el único que menos se asemejaba a la realidad. La mayoría habíamos intentado plasmar nuestros rostros tal y como son y el resultado obtenido fueron, y cito palabras textuales, "máscaras".
En todo ellos había una serie de elementos en común: ojos, nariz, boca, pelo y contorno de la cara. Así de simple y, por tanto, era imposible reconocernos a ninguno de nosotros mirando simplemente los autorretratos, puesto que no había nada significativo, nada que te impulsara a pensar en una persona por lo que ésta había reflejado en su lienzo.




Autorretrato Vincent Van Gogh
























Encontramos así retratos a los que hacemos nos referimos como retratos realistas, como los que hicieron grandes maestros como Van Gogh o Leonardo Da Vinci. En un alarde de virtuosismo y dominio absoluto de la técnica, consiguen plasmar la realidad de una forma casi total, fiel a la realidad, tal cual se presenta. Hoy en día, tales retratos no son realmente necesarios, pues de ellos ya se encargan las cámaras fotográficas y con un éxito que, aunque claramente distinto, es mayor. 

Pero no es esto lo que buscamos, porque ni somos unos maestros en el arte ni nos interesa reflejar la realidad de una forma tan fiel. Hay que volver a la niñez, como se lleva hablando desde que empezó el curso hace ya un mes. Hay que olvidarse de esa etapa en la que empezamos a madurar como se nos fue imponiendo y nos olvidamos de esa parte de nosotros más liberal, menos meditada.

En esta clase dio tiempo a hacer dos nuevos intentos de autorretrato. No importante que todo sea perfecto, coherente; al contrario, hay que buscar las formas donde menos las esperemos. No se trata de hacer un dibujo meditado, localizando cada parte y después elaborando el retrato. A lo mejor son sólo manchas, garabatos, líneas...y el conjunto es lo que nos recuerda a una figura humana. 

¡Manos a la obra!

De pronto estoy en frente del lienzo negro con la caja de pasteles en la mano y siento un poco de miedo, ese miedo que tantas veces nos recuerdan que hay que perder. Que hay que deshacerse del temor a fracasar, a dibujar algo que se aleje de lo convencional, algo innovador, abstracto, original.

Voy rellenando la parte central del cuadro con un tono azul que me llama la atención. No consigo soltarme, el miedo sigue apoderándose de mi mano a pesar de las numerosas veces que el profesor Burgaleta pasa por detrás y me dice que no tenga miedo. 

Creo que es la primera vez desde el comienzo del curso que consigo deshacerme de mi conciencia, digamos, y comienzo a pintar. Pastel tras pastel, voy rellenando el lienzo de manera aleatoria, sin sopesar formas ni nada lógico. De pronto van apareciendo figuras, hasta llegar al resultado final. 

Por fin creo que me he deshecho de los convencionalismos, de lo que me han enseñado durante todos estos años y quizá, sólo quizá, he vuelto a mi niñez. Es una sensación agradable, la verdad.


Autorretrato 1

Cada vez me va gustando más esta asignatura. Por un momento olvido que tengo alrededor un montón de personas que podrían juzgar mi dibujo y, simplemente, me dejo llevar. 


Queda todavía tiempo y nos ponemos con otro intento; ya no hay más instrucciones, ¡que la inspiración me lleve a un buen dibujo es lo que espero!


Autorretrato 2

Lo cierto es que es el día que más contenta he salido de DAI desde que empezamos, porque considero que por fin he conseguido sacar a la niña que hay dentro de mí incorporando además algunas de las técnicas y procedimientos que llevamos practicando todos estos días anteriores en clase.


No hay comentarios:

Publicar un comentario